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La riqueza de un país está en la felicidad


Un encuentro debate este fin de semana el concepto FIB, Felicidad Interna Bruta, o cómo medir la riqueza de un país a través de la felicidad que derrochan sus habitantes.

Para muchos, cuantificar la riqueza que posee un país se basa exclusivamente en aspectos económicos, dejando a un lado otros más sociales y no por ello menos importantes. Durante estos días se celebra en Brasil el V Encuentro Mundial sobre Felicidad Interna Bruta (FIB), siglas que se asemejan al PIB (Producto Interior Bruto) y que precisamente buscan un paralelismo con el concepto económico pero para convertirlo en un hecho más social y cotidiano.

 

Psicólogos, sociólogos y analistas debaten estos días si realmente es posible considerar a un país rico, por el hecho de que sus habitantes derrochen más o menos simpatía. A lo largo de la historia, tenemos algunos ejemplos. Bután, un pequeño estado asiático, fue el primero en acuñar esta terminología acerca de la felicidad como riqueza nacional, al descubrir que muchos países del mundo occidental estaban excesivamente centrados en los indicadores económicos de sus naciones. Bután había asimilado la tradición religiosa de sus antepasados, y a finales del siglo XX mostraba orgullosa la cualidad de ser el país más feliz del mundo, a partir de las propias encuestas que realizaba periódicamente a su población. A partir de este momento, cundió un movimiento que propugna basar la riqueza nacional en las sonrisas, las ganas de vivir y la felicidad de las personas, en lugar de los aspectos meramente económicos y valorativos.

 

Redacción

Domingo, 22 de Noviembre de 2009